EL COACHING:

UNA  PRÁCTICA QUE PERMITE RECORDAR UNA MEJOR MANERA DE VIVIR

Anduve estos días reencontrándome con la grandeza de la madre tierra, “La Pacha mama”,  contemplando el esplendor de sus olores y colores; las aves y mariposas, las flores, los verdes de las palmas, hojas, árboles y arbustos; el frescor del río, el sol, el viento y la lluvia y en medio de esa inmensidad, ahí, estoy ya de adulta escuchando, aprendiendo, saboreando. En resumen… recordando.

¿Que recordar?  Y, ¿Cómo recordar algo, sin (aparentemente) conocerlo?

Parece irreal este recordar, más allá de traer a la memoria lo que ya sabemos, o los  conocimientos acumulados que tenemos. Por ejemplo: las clases de biología cursadas en la primaria, ahora que contábamos con la suerte de que nuestro guía de incursión hacia el interior de la selva fuese biólogo de profesión y nos permitiera diferenciar los taninos, las toxinas, los carnívoros, insectívoros, herbívoros etc…

Nuestro guía también es descendiente y representante de la comunidad Ticuna, una comunidad indígena de la tierra amazónica principalmente asentada en la Amazonía colombo peruana. Con la fortuna de su compañía, sus relatos, cuentos y anécdotas sobre usos, costumbres, creencias y mitos, nos llevó a conectarnos con nuestros antepasados, los ancestros, la historia, y esa sabiduría milenaria que está ahí tan cerca  y a la vez tan lejos nuestro.

Al estar parada justo de frente y bajo una ceiba, árbol maravilloso de muchos metros hacia arriba, su follaje sobresalía por encima de los demás árboles de la reserva de “Marasha” en el Perú. Para rodear su tronco se necesitaron alrededor de 30 personas; se calcula que tiene entre 400 y 430 años. Es  imposible no percibir lo imponente y sabio de este árbol, conocido entre los Ticunas como “El Abuelo”. Dicho nombre se otorga a los sabedores que traen sus enseñanzas y su sabiduría, es allí, justo allí, cuando está en frente y cerca nuestro todo aquello que requerimos para estar plenos y completos sobre  este plantea; a la vez nuestra memoria parece “insuficiente” para recordar el camino hacia la completitud.

Allí, reconocí mi pequeñez y a la vez pude conectarme con lo simple y complejo que puede ser, ser humano, este maravilloso árbol, simplemente esta allí, y pone su follaje al servicio de aquel que necesite sombra, su sabia para quienes requieran alimentarse, su madera, sus hojas, el oxigeno, él simplemente sirve con todo su ser, y me pregunto, ¿y yo?, ¿para que servirnos los humanos?, ante esta pregunta  y recordando la grandeza de la ceiba, recuerdo que quizás dados los dones que nos son otorgados a los humanos, probablemente la pregunta correcta para hacernos sería ¿desde dónde servimos?

Quizás esa reflexión nos permita poner nuestros dones al servicio de aquel que los requiera, y lograr parecernos mas al “Abuelo” y así poder, brindar abrigo, alimento, consejo, cuidado, amor,  etc, cuando llegue el momento.

EL FENÓMENO DE DISTINGUIR:

Recordando las bondades que el lenguaje nos brinda una de ellas esta el “distinguir”, dado que cada vez que distinguimos algo… separamos el “algo” del todo, y en este viaje pude conscientemente reconocer lo que pasa antes y después de tener distinciones…

En mi caminata Yo veía muchos arboles, de diferentes tamaños, grosores, alturas y tonos de verde y… una vez pude distinguir la Ceiba, ahí mi mundo se hizo diferente en relación a este majestuoso árbol, incluso llegaron a mi sensaciones y emociones que no ocurrían antes de saberlo, apareció el respeto, la humildad, la pequeñez, la admiración entre otras.

El fenómeno de distinguir, nos amplia la conciencia de esto “nuevo” que observamos, enriquece nuestra mirada,  teniendo con ello una mayor y mejor comprensión del mundo que nos rodea, en el coaching, los coaches las utilizamos para facilitar el aprendizaje del coachee y así mismo posibilitarle nuevas manera de hacerse cargo de sus inquietudes.

EN BÚSQUEDA DE LA  COMPLETITUD…

De pequeños, en los tiempos prenatales hasta llegada la primera infancia, los seres humanos venimos completos y plenos con todo aquello que necesitamos para vivir; el alimento proporcionado por nuestra madre es además de suficiente, capaz de adecuarse a las necesidades de nuestro organismo,  contamos con el abrigo y amor para  seguir evolucionando, en esa etapa nos caracteriza nuestro ser animal, con todos nuestros instintos primarios activos y despiertos de niños:  lloramos, gemimos, dormimos, danzamos, cantamos, reímos, lamemos nuestros dedos, hacemos del cuerpo, soñamos, confiamos y… vivimos, completos, todo esta ahí a nuestro alcance, solo requerimos olfatear, respirar, palpar, saborear, y contemplar, en realidad no necesitamos mucho mas, desde pequeños tenemos a mano el principio de “menos es mas”.

Va pasando el tiempo y vamos evolucionado. Me refiero a esto con cierta duda pues por alguna razón entre más avanzamos siento que vamos algo hacia atrás. Es una mezcla entre evolución e involución en un mismo momento, una habilidad netamente humana por supuesto, somos generadores de caos y confusión (fusión con otro),  mientras estamos en medio de los avances del siglo XXI, gran orgullo para nuestra época y las generaciones actuales que contamos con el privilegio de usufructuar el desarrollo que éste nos proporciona, también estamos agobiados con la información, la ambición, los descubrimientos y la permanente  encrucijada del creer que más es igual a mejor.

Y llega para mí, sin duda, el padecimiento de nuestra época: “La Insuficiencia“. Empezamos a vernos incompletos y con una ambición y necesidad desmedida por alcanzar, obtener, conocer, probar, ganar, tener más y más. Es justo allí cuando creo que nuestra memoria se detiene, no sé cuál será el evento o las circunstancias, no sé si sea concerniente a todos los seres humanos o sólo a algunos, no sé si es de carácter occidental, si le pertenece al primer mundo o al ansia del tercero por equiparar al primero. No lo sé. En fin, de escribir mis no sé no terminaría nunca, más una de las certezas que tengo es que la búsqueda de sentido es algo que nos pertenece a los humanos, que es inherente a esta época y nos pertenece a nosotros los habitantes del hoy.

En estos días que estuve cerca de la naturaleza pude percibir que los micos frailes sencillamente son… Ellos no están preocupados por el progreso, si su árbol tiene suficientes o pocas ramas, si el  banano de su peludo vecino es más grande o más dulce, o de cuales piruetas le viene bien hacer para llamar más la atención de los proveedores de su alimento. Ellos no se preguntan por el sentido de ser, simplemente son micos frailes. También vi eso en las flores, así como los caimanes, las aves, los insectos, las palmas, las hierbas o los arboles de gran tamaño pueden estar todos juntos uno al lado del otro en amistosa y armoniosa convivencia, sintiéndose suficientes así mismos y complacidos con lo que la madre tierra les provee, no están aquejando nada, ellos están completos.

COMO RECORDAR NUESTRA SABIDURÍA ANCESTRAL?

 

En medio de la travesía tuve la fortuna de escuchar, danzar, compartir y aprender con comunidades Ticunas, Chamanes Huitotos y algunos representantes de amplios conocimientos y sabiduría  ancestral. Algunos de sus mensajes, que traigo hoy a este relato y que encuentro son parte de la base de aquello que andamos buscando muchos de nosotros, diferentes personas y coachees que he tenido la fortuna de acompañar son:

  • No mates nada que no te vas a comer: Con lo que escucho una invitación profunda y un llamado a elevar el sentido de conciencia sobre el valor que tiene la vida misma y el respeto por la vida de todos los seres, dándole cabida también a no “matar” los sueños, la  ilusión y la esperanza por un vivir mejor.
  • Valora, escucha y sigue las enseñanzas de los ancianos y abuelos: me llegó el mensaje de la humildad que necesita nuestra juventud para poder honrar la historia y la experiencia.
  • No hay que ser malgeniosos: honestamente a mi este mensaje, mandato u ordenanza como lo llaman en diferentes comunidades, lo encuentro desafiante de mantener. Sí, no es difícil de cumplir. Pareciera simple, sencillo y en medio de la selva de cemento en la que la mayoría de nosotros permanecemos, quizás la falta de tolerancia es una de las causantes de muchos de nuestros conflictos desde lo cotidiano y que aquejan a unos pocos: el tráfico vehicular, las diferencias de opinión; hasta las debacles mundiales: el conflicto permanente en la franja de Gaza, la discriminación racial o religiosa, las diferencias de pensamiento en lo social y/o político, el sentimiento permanente que si no estas “conmigo estas en contra de mi”… En fin, hay tanto que necesitamos aprender los humanos para ser menos malgeniosos y tolerarnos unos a otros.

“Cuidado y devoción por la madre tierra“: el mensaje que me llegó fue un llamado a salir del anestesiamiento en el que vivimos, que genera la indiferencia; y una invitación a cuidar nuestras raíces, no solo en los usos y costumbres sino también en los recursos fundamentales que la tierra nos provee; son de todos y están al servicio de todos, ¿cómo aprender a cuidarlos y compartirlos?

Se preguntaran ustedes: ¿y cómo es que este viaje en medio de la naturaleza, la biodiversidad y los aborígenes tiene relación alguna con la práctica del Coaching Ontológico y el llamado a recordar?

Pues bien, en mi camino como coach he descubierto que mi misión tiene la fortuna de acompañar a otros seres humanos, quienes a través de sus reflexiones, conversaciones y prácticas llegan a recordar eso que ya saben.

En nuestro cuerpo podemos reconocer las sensaciones, saber cómo son y han sido las emociones, ya que tenemos memoria celular. Nuestro sistema límbico y nuestro cerebro reptil activa nuestros instintos; traemos lo animales que somos y cuando esto pasa, sabemos que somos buenos y bondadosos por naturaleza, que nuestro posible ataque se da en su mayoría por defensa a nosotros o a los nuestros, más no sale solo por el placer de dañar. También he aprendido a traer la compasión para con los de nuestra especie, ya que el ser “tan evolucionados” nos hace pensar en exceso quizás y, dado esto, a veces nuestras elecciones son equivocadas y debemos estar aún más atentos de nuestras acciones que nuestros amigos los “micos frailes” por  ejemplo, requerimos discernir y traer a la conciencia los actos y elecciones que hacemos, por tanto debemos procurar hacer el bien y proveer lo mejor para sí mismos y para los demás y esto, así simple como parece, no nos es siempre fácil de sostener.

En un proceso de coaching… el cual es reflexivo y de interiorización que nos lleva al encuentro con nosotros mismos, con nuestros miedos profundos, también con nuestras bondades; reconocer los talentos, los sueños, las ambigüedades humanas, reconectarnos con nuestras luces y sombras, ahí en esa danza entre coach y coachee, a través de las preguntas, los desafíos y las invitaciones que hacemos los coaches, las distinciones que les proporcionamos y que a través de ellas acompañamos a que el otro pueda empezar a ver eso que de otra manera no veía, en ese instante, los coachees se reencuentran con su ser más grande, ese ser sabio, esa fuente confiable o alma interior que tiene más de animal y de planta, que puede conectarse con su historia, aprender de su linaje, reconocer a sus antepasados y así mismo traer a su momento presente todas sus capacidades. Es justo ahí cuando puede por elección y no por inercia, empezar a elegir el diseño de la mejor versión de sí mismo.

Es, cuando esto sucede que, a juicio mío, llega el florecimiento de un nuevo ser, que ya puede elegir su manera de evolucionar, lo que de seguro le proporcionará una mejor manera de habitar esta tierra.

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