EMOCIONES RELACIONALES EN LA VIDA Y EN EL COACHING

Por: Lucila Mejia Londoño
Coach Senior -­‐ Acreditada PCC

Las emociones fungen en general como hilos conductores entre nosotros y quienes nos rodean, hacen las veces de puente, los cuales nos permiten afianzar nuestro relacionar con otros, si bien existen un sin número de emociones hay unas que asientan nuestro ser social y relacional, es sobre ellas que hablaremos en este texto.

Dentro del conjunto de emociones que tiñen nuestra manera de aparecer, de tejer las relaciones que tenemos día a día, existen unas que nos invitan a complacer, agradar, fastidiar, acoger o simplemente estar, estas son:

La simpatía, esta es una emoción cuyo nombre bien lo indica: ya que proviene del latín simpathia. Este vocablo, a su vez, deriva de un concepto griego que significa “comunidad de sentimientos”. Por lo tanto, es aquella inclinación afectiva que existe entre dos o más personas. La naturaleza de esta emoción busca agradar, el rol de la simpatía en las conversaciones y las relaciones es traer un momento agradable que genere emociones placenteras para quienes me rodean, es una emoción avalada por la mayoría de las culturas ya que goza de buen prestigio social, aquel que se caracteriza por ser “simpático”, habitualmente es también percibido como amigable, amable, de buen humor y dan ganas de tenerlo cerca.

Por lo general, la simpatía es mutua y nace de manera espontánea. Sin embargo, es posible que, con el correr del tiempo, el hecho de conocer más a otra persona haga nacer una simpatía que, en principio, no existía. Lo que conlleva a que la simpatía es una emoción buscada y propiciada unas veces de manera natural y otras de manera intencionada, ya que nosotros podemos invitar la emoción que requerimos traer para sostener la conversación o la relación en la que estamos.

Más allá de que el término se utiliza en las relaciones interpersonales, la simpatía también permite hacer referencia a la inclinación análoga hacia animales u objetos, de hecho en ocasiones nos nombramos a nosotros mismos como simpatizantes de alguna idea política o dogma, lo cual indica que le conferimos credibilidad, nos gusta y agrada el estar en el o cerca de eso.

Por otra parte, la simpatía forma también parte de la personalidad de una persona, debido a esto es una de las emociones que hemos denominado relacionales, pues se hace cargo de teñir nuestra identidad. Se trata de algo propio de su modo de ser y de su carácter, que convierte a dicha persona en alguien agradable para los demás, a veces decimos cosas como: “Gracias a su simpatía, el candidato logró seducir a las personas”, Pedro desplegó su simpatía y se hizo escuchar, también la utilizamos para manifestar nuestro acuerdo, unas veces solo decimos, me simpatizas…”.

Desde la psicología, el concepto se entiende como un mecanismo de influencia y se encuentra relacionado con la parte afectiva que moviliza la actitud de las personas. Cuando alguien se encuentra en una situación agradable, en la que se siente cómodo, experimenta un estado afectivo positivo lo cual lo ayuda a mantener buenas relaciones con su entorno, desde ahí existe una alta probabilidad que manifieste su ser simpático.

Dado que la simpatía se hace cargo de atraer a los otros, invita a estar juntos, a compartir y a departir… trae consigo la posibilidad de dar espacio a otras emociones, como la amistad, la celebración, el agradecimiento, el complacer, el disfrute, el goce entre otras, las cuales traen en si mismo sus luces y sus sombras, ya que el estar permanentemente trayendo mi ser simpático a la relación, quizás unas veces me impedirá, traer las conversaciones de reclamo, poder confrontar o incluso sencillamente hacer saber lo que pienso, pues si eso que tengo en mente puede no ser del todo agradable, voy a acudir al silencio para evitar desagradar y el costo puede llegar a ser tan grande como experimentar la falta de sensatez, llegar a sobre saturarme con un nivel de exigencia infinito por solo pronunciar la declaración del Si, hasta ser desleal conmigo mismo.

La Apatía (del concepto latino apathia), esta es quizás la emoción que vivenciamos casi en contraposición al entusiasmo, que nos invita al interés y la participación, la apatía hace referencia a la desidia, el desgano, la indiferencia y la falta de fuerza. Se trata, en otras palabras, del estado de ánimo impasible que se refleja
en la ausencia de ganas o entusiasmo.

La apatía es una de las emociones que puede en algún momento ser vista como patología ya que es un término acuñado por la psicología y cuando esto se da, se vive también como un trastorno afectivo que causa indiferencia frente a los acontecimientos, las personas o el medio que rodea a quien la presenta, así mismo pretende el querer acallar nuestro emocionar, todo esto, lo manifiesta a través de una reacción vana frente a los estímulos que le llegan de afuera, o incluso los que nacen de su interior.

Cuando la apatía es diagnosticada de forma clínica, no tiene que ver con el tedio o la pereza. Sin embargo, a nivel coloquial, suele establecerse un vínculo entre estas emociones.
Si la apatía no es patológica, es posible revertirla con diversos estímulos según los intereses de la persona que la presenta. Por ejemplo haciendo uso de la música, una canción que le traiga algunos recuerdos que lo energicen, una fotografía inspiradora o un aroma agradable, son algunos elementos que puede ayudar a variar un estado apático leve, trayendo los sentidos como canales de conexión con el medio que lo rodea.

Cuando los seres humanos conocemos la apatía también experimentamos el sentir que “nos da igual”, es ese instante en donde nada de lo que suceda hace cambiar el ahora, cuando cada palabra, sonido, persona, color , tarea o accionar se percibe tenue, o mejor se vive la vida de modo neutral, nada es lo suficientemente emocionante como para moverte de tu zona habitual, la apatía es una emoción que habita en nuestras mas poderosas fuerzas conservadoras, esas que abrazan nuestro ser impasible y poco cambiante.

La Empatía es una de las emociones relacionales que nos dispone a estar para los otros, se vive como la intención de comprender los sentimientos, lo que le pasa y las emociones de quienes nos rodean, intentando experimentar de forma objetiva, serena y algo racional lo que siente la otra persona.

La palabra empatía viene del griego “empátheia” que significa “emocionado”. La empatía invita a que las personas se ayuden entre sí, por tanto es la emoción que da paso a la solidaridad y la generosidad. Está estrechamente relacionada con el altruismo -­‐ el amor y la preocupación legítima y sincera por los demás.

Cuando una persona consigue sentir, honrar y comprender el dolor o el sufrimiento de los demás intentando ponerse en su lugar, se despierta el deseo de ayudar y actuar siguiendo los principios morales que lo rigen a sí mismo y que nos posibilitan estar en sociedad. Por lo tanto, cuando se asoma el llanto como la expresión de dicha conexión y compresión de lo que le pasa al otro, no es posible rotular el llorar como un signo de debilidad, sino más bien una señal de empatía pura, la cual indica que sabemos conectar con los demás, que podemos sentir en nuestra piel las emociones ajenas y esto nos hace personas emocionalmente fuertes, nos pone humanos y nos permite aprender de
diversas situaciones aun cuando no las hayamos vivenciado propiamente tal.

Es importante reconocer que las personas que carecen de empatía tienen una gran desventaja en sus relaciones interpersonales, puesto que no sabrán conectar ni entender qué puede sentir la persona que está frente a ellas; esto posiblemente les ocasionará grandes problemas y conflictos, que se verán reflejados en su manera de interactuar con personas ajenas e incluso cercanas a ellos, lo cual se reflejará en sus relaciones de amistad, trabajo en equipo, relaciones amorosas y familiares, las cuales posiblemente se tornen distantes provocando a futuro una profunda soledad!

Conectar con los demás es muy importante para establecer relaciones sanas y que impliquen apoyo, esto basado en que somos seres sociales, estamos para estar con y para otros, el sentido pleno de nuestras vidas se da cuando lo que hacemos es relevante y se puede poner al servicio de otros, el síndrome del “súper héroe” que puede vivir la vida solo, es un sofisma y una ilusión, ya que no hay un Yo sin un Tu, yo tengo la fortuna de llamarme y experimentarme como mamá gracias a la existencia de mi hija, soy hija gracias a mis papas, soy hermana por qué tengo hermanos, soy esposa por la presencia de mi esposo, soy coach por qué existen coachees, soy ciudadana por qué hay otros a mi alrededor, mi Yo se hace yo a través de la colectividad, de ahí que carecer de empatía nos pone en un inmenso vacío y se propicia el aislamiento, conocer y registrar la empatía nos posibilita estar para los otros y disfrutar del placer de servir, nos hace posible conocer y habitar la emoción de la contemplación, nos permite sentirnos conmovidos por otras historias, por otras experiencias, es la empatía la emoción que nos posibilita a los seres humanos aprender de los hechos que vivencia alguien mas sin que necesariamente los experienciémos en cuerpo propio, la empatía nos invita a ayudar a otros para que tengan un motivo para sonreír.

La Antipatía: como lo hemos visto con la apatía y la empatía, permítanme remitirme a la etimología, la palabra antipatía viene del griego, y posteriormente se trasladó al latín en donde se conocía como “Antiphatos”,“anti” que significa contra y “phatos” que se refiere a sentimiento. Se puede decir que la antipatía es un sentimiento encontrado de algo que nos molesta y a su vez , uno de los roles básicos de la antipatía es ese, es fastidiar y molestar al otro… trae consigo un sentimiento de rechazo característico que puede presentarse en una persona cuando ésta se encuentra ante otra, la cual al parecer no es de su completo agrado. Una de las formas comunes de expresión de esta emoción se da por ejemplo en personas que se muestran presumidas y/o pedantes, estas que con su solo aparecer pueden originar este tipo de sentimiento de antipatía y de rechazo por parte de los demás.

A veces se juzga a una persona como antipática cuando: no saluda, no demuestra ningún gesto de cortesía hacia los demás, esos que están avalados socialmente, o no le gusta estar en grupos, sin embargo dado que es un juicio, ese en si mismo es ya subjetivo, y realmente no es recomendable generalizar, ya que existen personas que dadas sus características de personalidad quizás sean algo tímidas, menos espontáneas y en una primera instancia su relacionamiento se muestre mas distante e incluso hasta lejano lo cual no trae implícitamente la descortesía, lo que no las convierte en antipáticas y rotularlas como tal, nos limitaría nuestra relación e interacción con a ellos.

En los sistemas en los que nos encontramos, el trabajo, el colegio, la comunidad en general, podemos toparnos con alguien así. Las personas antipáticas por lo general no son muy afectuosas, una de las expresiones típicas de la antipatía es traer el ceño fruncido como que si todo lo que sucede a su alrededor les molestara, en fin, la antipatía puede originar ciertos problemas en cuanto a las relaciones sociales se trata, ya que antipatía con sociabilidad no van muy de la mano. Aquella persona que habita con mayor frecuencia la antipatía en su forma de ser, va a presentar ciertas dificultades al momento de buscar amigos. El opuesto de la antipatía es la simpatía.

El reconocer estas emociones mas allá de su definición, su naturaleza, su rol o su expresión, lo que nos invita es a ponerlas en nosotros y en nuestras relaciones, ya que todos las vivenciamos en diversos momentos y entornos, ellas están presentes en nosotros, no somos 100% empáticos, antipáticos, simpáticos o apáticos, estamos teñidos por ellas en nuestra manera de estar en cada evento o relación que sostenemos.

El poder reconocer cuando sucede qué cosa o ante quién se activa mi ser antipática, me va a permitir hacerme cargo de los quiebres que voy a requerir declarar, las conversaciones que debo sostener y lo que necesito modificar en mi entorno cercano, pues eso que esta sucediendo esta minando mi bienestar y por esa razón hecho mano de mi antipatía buscando fastidiar al otro con mi actitud…

Las emociones relacionales como toda nuestra gama de emociones vienen a cuidarnos, ellas principalmente cuidan mi ser social y mi estar con y para otros, por tanto:

Mi Antipatía: cuida eso que me molesta, llega a ponerme alerta y me dice que como se esta dando la situación no es lo mas conveniente para mi, tiene gotas de rabia en su interior, por tanto me conecta con el intuir que hay algo un tanto injusto en como se desenvuelven los hechos y me invita a poner limites con mi gestualidad, mis palabras secas, cortantes, un cuerpo mas lejano y algo defensivo que busca molestar al otro y hacerle evidente que eso como esta pasando no es de nuestro completo agrado.

Mi Simpatía: cuida mi imagen, mi rol dentro del sistema, mi posicionamiento, por tanto me indica que el mantener los lazos, los vínculos de las personas y de ese entorno cercano, nos es conveniente y me lleva a complacer y agradar haciendo uso de mi cordialidad, camaradería, da espacio legitimo y evidente a la risa y al buen humor.

Mi Apatía: esta quizás una de las menos populares de las emociones relacionales, también cumple su función, y en ocasiones nos es difícil escucharla, pues en el mundo actual, donde el entretenimiento esta tan de moda, el ser multitarea parece una virtud, tenemos medios para estar comunicados y alertas a cada instante, entonces el poder parar, solo estar, y conocer por un rato el ocio, el letargo y la quietud, muchas veces nos es inconcebible, mas la apatía nos conecta con lo que realmente nos interesa o moviliza, muchas veces hoy inmersos en el mundo caótico lleno de información y excitación tanto visual, informática, como auditiva… nos pasamos la vida respondiendo y haciendo cosas que nos piden otros las cuales no necesariamente despiertan nuestro interés real, la apatía cuida eso, si nos llega quizás traiga el mensaje oculto de… y es esto lo que realmente anhelas, deseas, te apasiona y quieres??

Mi Empatía: al contrario de la anterior, la empatía goza de buena reputación y fama, de hecho reza un dicho popular que usan para definirla y dice que es “ponerse en los zapatos de otro”, y … eso lo han intentado?, para serles sincera, yo si, y me he topado con que no es posible, sus zapatos son los suyos y no me quedan a mi, así mismo su vida, sus dolores, sus alegrías y sus problemas, esos le pertenecen a usted y los de su vecino a su vecino y los míos a mi… no se trata quizás de vivirlos exactamente igual, y a la vez la empatía cuida mi ser parte de una comunidad, cuida nuestro pertenecer y desde ahí, la podremos llamar la EMOCION CENTRAL EN LA COMUNICACIÓN, pues la empatía invita a escuchar, a validar lo que el otro piensa y dice, la empatía es la emoción que en el coaching abraza el legitimar al a otro como un observador legitimo y distinto de mi.

Por tanto es la emoción mas conducente para establecer acuerdos, hacer negociaciones ya que valora todas las propuestas y tiene en cuenta todos los interlocutores, la empatía cuida la relación trae consigo gotas de confianza, calidez, armonía y equilibrio.

Si bien estas cuatro emociones cobijan nuestro ser relacional existe una quinta emoción que es una emoción esencial y necesaria en el proceso de la relación entre Coach y Coachee esa es LA COMPASIÓN.

La Compasión: así como la empatía es la emoción central en la comunicación, podríamos denominar la compasión como la emoción central del coaching.

Referirnos a compasión usualmente hace referencia al sentimiento por el cual una persona puede sentir piedad por alguien que se encuentra en un momento de la vida de profundo dolor o algún sufrimiento. La compasión no significa que la persona sienta exactamente lo mismo que aquel que sufre, sino que lo acompaña plenamente en ese dolor, ya que también siente pena o tristeza en alguna medida, la compasión esta acompañada por sentirme conmovido por lo que te pasa, trae implícita la empatía la cual nos invita a comprender la situación que el otro vive: La compasión es una de las emociones mas humanas que puede existir ya que significa que una persona puede incluso involuntariamente acercarse a otro que sufre o esta angustiado sin necesariamente pasar por la misma situación, puede manifestarse desde el silencio, basta con la mirada compasiva, el abrazo caluroso, el estar en compañía para manifestar una plena compasión.

La palabra compasión viene del término latino Cumpassio que significa “acompañar”, eso trae implícitamente el rol y el para que de esta emoción, y eso la hace completamente distinta de otras emociones relacionales, ya que me involucra, si volvemos a las emociones anteriormente descritas, estas trataban de mi en relación a lo que requiero de los otros… agradar, desagradar, permanecer o me da igual… mientras que la compasión me implica a mi en relación a un tu; si, me invita a acompañar, ya no se trata de mi nada mas, se trata de en qué es aquello que tu requieres ser acompañado por mi?, es una emoción que me lleva a servir, se da solo si hay otro a quien acompañar, es la emoción que le permite al ser humano dejar al menos por un instante de pensar en si mismo, para pensar en el otro, incluso cuando la situación o el sufrimiento no es vivido o conocido por aquel que siente compasión, es una manera de acercarse al otro y sentir lo terrible de ese sufrimiento sin perderse en el.

En el coaching, la mejor expresión y manifestación de la compasión, es darle al otro lo que necesita que es muy distinto de lo que desea, desde allí, el rol del coach cobra sentido pleno en el servicio.

Compasión es la voluntad de escuchar y entrar en el dolor del otro. La compasión es posible para cualquiera que pueda aceptar las DIFICULTADES que nos hacen humanos, nuestros miedos, nuestras imperfecciones, nuestras pérdidas y nuestras vergüenzas.

Solo podemos responder compasivamente ante la historia de otros, si hemos abrazado nuestra propia historia.

A veces la compasión es escuchar la historia del otro… Y otras veces es sentarme al lado del otro y acompañarlo en su miedo de no estar preparado para contarla.

La compasión no es una relación entre un sanador y un herido. Es una relación entre iguales.

Solo cuando conozcamos (y reconozcamos) nuestra oscuridad muy bien, podremos estar presentes ante la oscuridad de los otros. La compasión se vuelve real cuando reconocemos nuestra humanidad compartida.

“Podría definir la compasión como el sentimiento de no poder soportar el sufrimiento de otros seres sensibles.
Y para generar ese sentimiento se tiene que haber apreciado antes la gravedad o la
intensidad del sufrimiento humano.
Así pues, creo que cuanto mas plenamente comprendamos el sufrimiento, tanto mas profunda será nuestra capacidad de compasión”
Dalai Lama
El Arte de la felicidad

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